Prêt-à-porter archivístico

M. Àngels Suquet i Fontana

Directora del Archivo Municipal de Sant Feliu de Guíxols y profesora de la ESAGED

Cuando leemos las definiciones de documento que se encuentran en los manuales de archivística de referencia, en todos –creo que sin excepción– se hace hincapié en que los documentos de archivo esencialmente se caracterizan por su condición de únicos y originales, y también por su valor documental o probatorio. El objetivo de este pequeño artículo no es, ni mucho menos, analizar la precisión de esta afirmación. Más bien, la pretensión es plantear cómo los archivos han condicionado la custodia y la gestión de los documentos por el hecho de ser “exclusivos”. Con frecuencia, la responsabilidad de garantizar la pervivencia de estos pequeños tesoros que son los documentos genera una serie de precauciones que, probablemente, los usuarios van a percibir de manera negativa, ya que pueden suponer dificultades en el acceso y obtención de copias. En este sentido, indudablemente la incorporación de las nuevas tecnologías en la organización, tratamiento y difusión de los documentos históricos es una asignatura obligatoria para los archivos en la actualidad. Pero la tecnología no basta por sí misma para conseguir la comunicación con un mayor número de usuarios. No es raro que en la Red haya páginas a las que sólo accede un pequeño sector de internautas, los especialistas.

Los archivos no deberíamos renunciar al gran público y la clave está en la difusión. Esta función puede quedar relegada a un segundo plano cuando los profesionales centran su trabajo en la gestión o en la conservación. También puede quedar desatendida cuando surgen otras urgencias durante el desarrollo de las tareas archivísticas. Sin embargo alcanzar la visibilidad pública de los archivos es fundamental para garantizar su futuro. Sin lugar a dudas, en general, los documentos gozan de la consideración de valiosos. El hecho de ser únicos, así como su antigüedad y su condición de originales les confieren un valor evidente para la mayoría de las personas. Pero no debemos olvidar que tienen un punto fuerte que descubre un gran número de posibilidades: se trata de su poder evocador. Los documentos son auténticas pasarelas al pasado, testimonios tangibles de hechos pretéritos. Como tales pueden convertirse en potentes aliados en el fomento de la identidad y el sentimiento de pertenencia a un territorio desde un punto de vista positivo, es decir, buscando la integración mediante el conocimiento, el aprecio y el respeto. Los documentos pueden servir para despertar emociones. Los archivos –no solamente cada centro por sí mismo sino de manera global, dentro de un sistema o grupo organizado– deberíamos exprimir los puntos fuertes que nos ofrecen los documentos. En una buena estrategia de comunicación es importante aprovechar las oportunidades como la que nos ofrece la conmemoración del Tricentenario de los hechos de 1714. En ocasiones como esta, los archivos pueden lucir sus mejores galas, los documentos, y conquistar al público en los desfiles con más prestigio de la temporada.

Representación de la fachada marítima de Barcelona, dibujada en las últimas hojas del libro de actos del Consejo Municipal de Sant Feliu de Guíxols del año 1705. El mes de octubre de aquel año, algunos representantes de la villa se desplazaron a Barcelona para jurar obediencia al rey Carlos III. (Archivo Municipal de Sant Feliu de Guíxols. Fondo del Ayuntamiento)

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