Exceso coherente de metadatos y una descripción orientada a la autenticidad documental

Joan Soler Jiménez

Director del Arxiu Històric de Terrassa y profesor de la ESAGED

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Detrás de cada esquema de metadatos encontramos una manera particular de ver el mundo. Esta realidad es expansiva y genérica, pero ambigua y poco concreta. Una realidad compartida en todos los esquemas es su volumen y la disposición de largas listas de valores. ¿Son todos ellos necesarios? ¿O son excesivos? Tenemos un problema de exceso, pero no de incoherencia. Por este motivo detrás de cada esquema de metadatos se debe tener un objetivo claro, una respuesta precisa al por qué planteamos esta lista controlada de valores. Umberto Eco denomina este tipo de listas, listas por “exceso coherente”, es decir, listas masivas de elementos descriptivos que sólo obtienen coherencia por su conjunto, no por su individualidad. Son masivas porque encadenan una secuencia de elementos muy grande, fuera de un control memorístico sencillo. Son coherentes por conjunto porque la suma de todos los elementos permite un control y una comprensión casi absoluta de la realidad objeto de la descripción.

Cuando hablamos de metadatos para la descripción de documentos electrónicos nos preguntamos en primer lugar si existen esquemas estandarizados que puedan ser de nuestra utilidad: ISO 23081, Moreq2, PREMIS, METS, etc. Todos ellos se caracterizan por ser listas extensas de elementos pensadas para poder ser automatizables, a sabiendas que un control estrictamente humano y memorístico no es posible. Nos encontramos ante esquemas coherentes pero excesivos. Un exceso que debería ser cuestionado desde el principio: ¿Para qué tanto? ¿Con qué finalidad? ¿Para qué describir con tanto detalle si en realidad tenemos ya el documento, el verdadero elemento a gestionar y preservar?

Las descripciones por propiedades son las que se utilizan cuando no se posee la capacidad para sintetizar elementos realmente esenciales. Este factor es propio, según Umberto Eco, de culturas primitivas que todavía no han establecido una jerarquía de géneros y especies, o de culturas muy maduras (y tal vez en crisis) que pretenden poner en duda todas las definiciones y descripciones anteriores. Debería ser pues una exigencia la delimitación de esquemas de metadatos planteados a nivel esencial y no a nivel de propiedades. La presunción que, aunque las listas sean extensas, la automatización permitirá su control y gestión, es un error de planteamiento. No porque no se puedan automatizar, sino porque en él subyace la soberbia de un control absoluto de las entidades digitales. Este factor es claramente utópico y excesivamente absoluto en un entorno de producción esencialmente social y no exclusivamente técnico o matemático. Detrás de las propiedades se encuentra la incapacidad de un vocabulario para encontrar descriptores ciertos y precisos. Y esta incapacidad viene ocasionada por la poca comprensión que se dispone de la función de las unidades documentales. Tratarlas de modo exclusivamente imparcial es útil, pero a todas luces débil en cuanto a comprensión de contexto. Debemos apoyar su descripción en preconocimientos y elementos contextuales que permitan comprender estas unidades documentales en su sociedad. En este espacio los archiveros tienen mucho más a proponer que los informáticos, puesto que unos demuestran más presteza ante los retos de explicación contextual que los otros. Buscar la esencia de la descripción es pues, un objetivo prioritario, para no perderse ni infoxicarse.

Para buscar la esencia de los documentos, la Diplomática contemporánea plantea una descripción orientada a constatar la autenticidad de la unidad documental. ¿Qué propiedad hay más importante que la autenticidad de los documentos para a continuación poder ser utilizados como fuente y garantía de derechos? No se trata de describir contenido para favorecer la gestión de la información existente. Se trata de describir contenido de forma sumaria (para contenido completo ya tenemos al propio documento), contexto (de producción) y estructura (forma física y intelectual de la unidad documental, tecnología y comportamiento de la parte binaria o codificada de la misma). Es lo que llamamos “descripción autenticante” a donde todos los esquemas de metadatos deberían orientarse.

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