¿Contexto o contenido como base de una estrategia de gobierno digital? Regreso al futuro … del siglo XII

Vicenç Ruiz Gómez

Archivero del Arxiu Històric de Protocols de Barcelona y profesor de la ESAGED

«El archivo de la Corona de Aragón» (1964)

Ante la necesidad de reutilización constante de información de calidad en el gobierno digital: ¿qué arquitecturas tendrán la robustez suficiente como para garantizar su desarrollo sostenido? ¿Las que se centran en el contenido de la información o las que priorizan su contexto? Viajemos, para averiguarlo, a un espacio y un tiempo de disrupción tecnológica y nueva articulación del gobierno: Cataluña a finales del s. XII.

El Liber Feudorum Maior es el primer front-office gubernamental fruto de la “transición analógica” de la administración en Cataluña (el paso del principio de oralidad al de escrituración en el ejercicio de gobierno). Ramon de Caldes, al recibir el encargo, actuó como un content curator: buscó documentos en diferentes espacios e instituciones, seleccionó aquellos cuyo contenido fijaba el dominio de castillos y feudos, les dio un sentido -el de la nueva concepción de soberanía territorial- al estructurarlos en tres niveles (geográfico, de linaje y cronológico) y, gracias a su reelaboración en un solo volumen, la información se pudo compartir mejor en el ámbito de la corte. Sin duda, la lógica de gestión de contenidos con que se diseñó sirvió para comunicar la “obra de gobierno” y para que se reutilizara la información. Pero no significó un cambio real de cultura organizativa: no se normalizó el hecho de documentar la acción administrativa y recurrir a información escrita. El Liber mismo se abandonó, como denotan sus folios vacíos.

La casa de Barcelona no conseguiría vincular su back-office a la “publicidad activa” que suponía la expedición de privilegios, mandatos y letras hasta que, bajo Pedro el Grande y Jaime II, se consolidaron unos estrictos flujos de trabajo que jalonaban la génesis documental de cada acto jurídico o administrativo. La disrupción causada por las nuevas tecnologías (el papel) pero, sobre todo, la implantación de un sistema de gestión documental en la cancillería que garantizaba la preservación de los elementos esenciales de cada documento (asentados en registros según el ámbito de gobierno que los había generado) y su autenticidad y trazabilidad (validación oficial, claudatio, sello, marca de registro en la plica), convirtieron los archivos reales en fuentes fiables de datos y recursos. Incluso, se llegó al uso de un Código Seguro de Verificación cuando, en época del Ceremonioso, la marca de registro en los originales se acompañó del tipo y número del volumen correspondiente. El contexto de la información, pues, permitió confiar en ella y recuperarla … durante varios siglos.

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