Juntos pero no revueltos

Ramon Alberch i Fugueras

Director de la ESAGED

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Algunas experiencias recientes en proyectos de consultoría en el ámbito público y privado en colaboración con empresas expertas en el sector de las tecnologías y el gobierno electrónico me generan una serie de reflexiones, y también de certezas, que me gustaría compartir. En primer lugar señalar que desde el propio sector archivístico somos demasiado proclives a fustigarnos con nuestras supuestas “debilidades” en el campo tecnológico y en cambio, poco dados a enfatizar el valor que aportamos. O dicho de otra manera, seguimos teniendo poca fe en nuestra fuerza –la metodología– y contrariamente valoramos en demasía el aporte de las TIC.

¿Y cuáles son nuestras potencialidades y, también, los frentes en que somos imprescindibles? Veamos sólo unos pocos ejemplos de algunos avances, y no precisamente pírricos. En primer lugar, y con ventaja, la asunción por parte de nuestros interlocutores y socios de proyectos de la extraordinaria importancia del Cuadro de Clasificación. En estos momentos, no existe proyecto de implementación de un Sistema de Gestión de Documentos Electrónicos en que todas las partes implicadas –archiveros, informáticos, juristas, expertos en organización– reclamen la necesidad de un CdC funcional como elemento axial y base de muchos desarrollos.

También se ha conseguido integrar otros elementos fundamentales en este discurso común como la descripción y el modelo de metadatos y la ineludible aplicación de los calendarios de conservación/tablas de valoración. En el caso de los metadatos, advertir que existe el peligro que se pretenda centrar todo el esfuerzo en este valor añadido, olvidando que debe ser complementario de un modelo de descripción de acuerdo con los estándares internacionales al uso. También entiendo que hemos ganado la batalla de concienciar sobre la importancia de la preservación a largo plazo de los documentos y expedientes electrónicos; en cambio, creo que en este aspecto no hemos asumido aún la formación experta necesaria para ser asimismo los responsables de aplicar estas políticas como sucede, si bien con desigual fortuna, en la conservación de los documentos en papel. Se trata de un reto que debemos afrontar con una cierta urgencia principalmente desde las instancias educativas.

Finalmente, señalar otro elemento de gran potencialidad y que en los últimos tiempos está recuperando un papel muy activo. Se trata de los catálogos de tipologías documentales, un instrumento que se había ubicado en un plano marginal y que actualmente, con la automatización de los procesos y los expedientes electrónicos deviene una herramienta requerida de manera creciente por nuestros interlocutores y aliados, principalmente el sector informático. En síntesis, reconocimiento de nuestras limitaciones, énfasis en la formación experta y también convicción en la defensa de nuestras potencialidades.

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