El patrimonio invisible: ¿por qué los archivos no venden políticamente?

Vicenç Ruiz Gómez

Archivero del Arxiu Històric de Protocols de Barcelona y profesor de la ESAGED

Invisible Man

En un año lleno de elecciones, se evidencia aún más el poco interés político que hay por los archivos y el patrimonio documental. Sí, apurando los límites que fija la ley electoral, se aprovecha para inaugurar alguna nueva sede largamente esperada y se publicitan puntualmente exposiciones e ingresos de fondos (si conllevan esfuerzo económico mucho mejor). Pero, incluso en esas ocasiones, el discurso del cargo público rápidamente se refugia en la seguridad de la vaguedad patrimonial: apuesta por la cultura, muestra del rico acervo local, preservación de la memoria de nuestros antepasados, etc. De hecho, pocos se resisten a traer a colación proyectos e iniciativas que en paralelo se estén dando en bibliotecas, museos y otros centros culturales. Por el contrario, cuando se trata de actos relacionados con esas instituciones y su patrimonio, las referencias recíprocas son nulas. Se insiste, y con buen criterio, en la vinculación con su entorno social y en la articulación de planes estratégicos que permitan gestionar y comunicar sus fondos de manera sostenida y, sobretodo, atractiva para los usuarios.

En parte, que los archivos no se consideren una inversión política rentable se puede explicar por la dificultad, a menudo, de poder acceder directamente a los documentos a través de la mera contemplación: sea por su lengua, escritura o factura, o por su tratamiento y descripción que, debido a la necesidad de garantizar la información de contexto, requiere de mayor complejidad. Pero, quizás, el problema fundamental es que políticamente se sigue asociando los archivos sólo a cultura y no a otros ámbitos, como participación ciudadana y transparencia, en los que, hoy día, son capaces de generar mayores sinergias con la sociedad civil.

Ahí es donde la naturaleza jurídica del patrimonio documental muestra su singularidad y potencial frente a otros patrimonios culturales. ¿Un país más “culto” es forzosamente más democrático y más libre? La ecuación no es tan sencilla. Las sociedades “cultas” han alcanzado las más grandes cotas de barbarie y las dictaduras totalitarias no han dudado en utilizar museos y bibliotecas. La clasificación y organización temática de fuentes secundarias y obras de arte, claro, se presta más fácilmente al dirigismo cultural. Por contra, el patrimonio documental no es tan dócil, siempre y cuando no se lo “tematice”. Es decir, siempre que se garantice su correcto tratamiento archivístico y el acceso tanto a su contenido como a su contexto de producción. Así es como puede servir de material incontrolable de transformación social y, quizás, ahí reside la causa última de su invisibilidad.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s