Todos los nombres menos uno: en la tensión entre memorial y archivo

Jorge Blasco Gallardo

Director del Grupo de investigación: archivo, arte, ciencia y sociedad de la ESAGED

DSC_0114

Tres o cuatro nombres acumula ya el llamado Archivo Histórico Nacional Sección Guerra Civil española. Por no hablar de las variaciones de los de la calle donde está: Gibraltar, Expolio y vuelta a Gibraltar.

Falta el más importante, Centro de documentación de la brigada político social y del tribunal para la depuración del comunismo y la masonería: el que nunca se usó en democracia ni se usará. Precisamente el que da que pensar. Un nombre fundamental que al no ser utilizado ha provocado todo tipo de enfrentamientos políticos y especializados.

No es una genealogía larga, pero sí convulsa. Convulsa por la dictadura que usó la institución, por el silencio en la transición, por las reclamaciones de documentación, por los momentos de patetismo que ha generado, por los técnicos con opiniones encontradas. Un edificio lleno de memoria mala que se va disolviendo en los intentos por conservarla. Quizás el problema esté en los nombres que se le han dado y más aún en los que no se le dieron, acallando su carácter de lugar de una tragedia documental, de represión y de muerte.

La memoria y las víctimas se han mantenido unidos ante grupos documentales de diferentes tragedias por todo el mundo. Sin embargo nada así ha ocurrido con este edificio como contenedor de los rastros de la dura represión franquista que tanto se niega en revisionismos “a la española”. El debate ha sido técnico, político.

En todo caso nos encontramos con la disolución conceptual de un centro de documentación franquista y la aparición de un gran centro memorial sito en la plaza de los Bandos (Salamanca) cuya principal función, presumo, será seguir olvidando o miniaturizando el recuerdo que se convertirá en temático e incluso en una curiosidad turística.

En definitiva, salvo los técnicos a favor o en contra de la devolución de “los papeles”, se echan de menos estudios y textos que hablen de la dimensión conceptual del llamado Archivo General de la Guerra Civil Española. La lucha por la verdad histórica ha acabado con la memoria dinámica y la memoria obsesiva ha hecho trizas todo acierto histórico a base de opinar.

Tener un edificio lleno de documentos de represión –o copias en los casos de necesidad de devolución a los expoliados– sería algo fundamental para todas las víctimas de cualquier represión masiva, sobran ejemplos. Es extraño que no se haya constituido ninguna plataforma en torno a la sede documental de la represión de la brigada político social, responsable de depuraciones y torturas, una plataforma en torno a los papeles que dan fe de esa represión, los policiales, los tratados como pruebas que llevaban a una persona desafecta a ser detenida. Sea como sea, se ha tratado el caso como un gran todo expoliado olvidando que ese edificio también funcionaba como una máquina archivística de represión administrativa, no sólo para descargar camiones llenos de documentos incautados.

Todo es muestra de la poca capacidad para gestionar la memoria o memoria histórica (curiosa pareja) en este Estado, país de autonomías o lo que quiera que sea. Y la pregunta está ahí ¿por qué no se han asociado las víctimas en torno al edificio histórico, a la máquina opresiva de postguerra y sólo ha primado la idea de expolio? Quizá porque ha habido un proceso constante de desinformación.

Estén o no los “papeles” donde por ley y derecho deban estar, se echa de menos la reflexión sobre el archivo-edificio como icono de las técnicas policiales del régimen.

En todo caso, aunque se haya conseguido una ubicación correcta de los papeles, todo el proceso ha dado muestra de que la memoria y su gestión en este país hace aguas y se pierde en la discusión de leyes y normas que desactivan nuestra capacidad de trabajar con la historia y con la propia memoria.

En España hay un trabajo muy extenso por hacer con los términos “memoria” e “historia” y su relación con el Archivo y las agrupaciones documentales para que no se petrifique el desarrollo histórico y memorístico del país y, sobre todo, para que las discusiones entre actores vinculados a agrupaciones documentales complicadas en su creación no se queden en la mente del ciudadano como un sonido de fondo televisivo, al estilo de la música de ascensor que se tarda segundos en olvidar y que incluso pasa desapercibida aunque resuena en la cabeza inconscientemente afectando a nuestro estado de ánimo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s