¡El postcustodialismo va a llegaaar!

Vicenç Ruiz Gómez

Archivero del Arxiu Històric de Protocols de Barcelona y profesor de la ESAGED

postcustodialismo

Gracias a Youtube, ese pseudo-archivo postcustodialista, y a infinidad de memes, nos resulta más que conocida la ya lejana proclama de Arrabal sobre el milenarismo. Cierto que, para captar mejor la atención de las jóvenes generaciones, que cual legión siguen las series de HBO, había pensado inicialmente un título tipo “Postcustodialism is coming”. Pero, finalmente, he apostado por la primera puesto que nace sin posibilidad de implicación épica al conllevar una evidente estética de antihéroe bukowskyano (no hay más que visionar la escena completa). Es esa estética, justamente, la que nos define, a ojos de la audiencia, sobre todo si es política, cuando proponemos derribar el muro del patrimonialismo y democratizar los servicios de archivo. Entre iluminados y ebrios, como Arrabal.

Pero, el postcustodialismo va a llegar. Y no por una exégesis de la espesa literatura postmoderna, sino por necesidad política y coherencia jurídica. Obviamente, no lo encontraréis en los programas electorales. En Cataluña, por ejemplo, podremos tener un nuevo país, pero la transversalidad de la “vieja política” sobre archivos alcanza a todos por igual: soberanistas, unionistas, de izquierdas, de derechas, de centro y de más allá. Las propuestas se pueden resumir entre la nula mención (sí, sí, nula) y el continuismo en el modelo de “respiración asistida” de los últimos años. Un modelo que, primero, intenta trocear el concepto de patrimonio documental, para que las partes que mejor encajen con el mainstream de consumo cultural se las queden otros y, segundo, entiende la gestión documental como un insignificante procedimiento técnico, disociado del acceso a la información y de la reorganización eficiente de los procesos administrativos.

Y, aún así, el postcustodialismo va a llegar. Porque la ciudadanía quizás vuelva a “comprar” soluciones a medias por un tiempo, pero cuando sea consciente de que realmente tiene derecho a la información y a participar en la toma de decisiones, seguro que los repositorios de acceso abierto creados ad hoc para albergar colecciones descontextualizadas de documentos y datasets no van a bastar. Y es que sólo convirtiendo la estructura archivística en el armazón de la transparencia, puertas adentro, y sólo potenciando su papel alfabetizador en materia de información pública, puertas afuera, se va a poder sostener cualquier estrategia de gobierno abierto. El archivo como herramienta política, pero no diseñada para los gobernantes (tal y como nació), sino para los gobernados: ciudadanos implicados que transcienden el elitismo contemplativo del ocio culto, al cual vieja y nueva política parece que nos quieren reservar. La información para quien la trabaja. El postcustodialismo va a llegar.

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