Documentos que pueden ser libros

Àngels Suquet i Fontana

Directora del Archivo Municipal de Sant Feliu de Guíxols y profesora de la ESAGED

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Fragmento del testimonio de Lluís Llor. Archivo Municipal de Sant Feliu de Guíxols

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Explicaba Xavier Pla, director de la Cátedra Josep Pla de la Universitat de Girona, que una vez Joaquín Soler Serrano entrevistó a Josep Pla en la radio y le preguntó: “¿A usted le interesa la vida cotidiana?”. Y él respondió “Ah, ¿Acaso existe otra?”. Este autor destacó, entre otras cosas, por sus dietarios. Tenía por costumbre anotar de manera sistemática su día a día para elaborar posteriormente estos apuntes desde un punto de vista literario.

En anteriores escritos he explorado el uso de la metodología archivística o la figura del archivero como fuente de inspiración para argumentos de libros. También he considerado interesante plantear la interacción de los documentos con la novela histórica. En esta ocasión propongo centrar la atención en algunas tipologías documentales que, por sus características, pueden ser editadas como libros. Así mismo, me gustaría que el recorrido por estos documentos constituyera una modesta contribución a la conmemoración del 80 aniversario del inicio de la Guerra Civil española.

Los dietarios al igual que los diarios, las memorias, la correspondencia o los testimonios forman parte de la literatura autobiográfica, conocida también como literatura confidencial, literatura personal, etc. Aunque algunas veces las fuentes primarias sirven como base para construir una ficción, otras se publican documentos auténticos, cuya subjetividad tiene un enorme potencial para conectar con el lector. En el dietario, término procedente del latín diaeta, se describen diariamente hechos notables, observaciones y reflexiones. Es el caso del dietario realizado entre 1936 i 1939 por Antoni Bassas Cuní, para narrar su experiencia durante la Guerra Civil en Vic. Este documento ha sido publicado e incluido, por ejemplo, en el proyecto de investigación “Vivir en tiempo de guerra: la zona leal a la República” de la Universidad Autónoma de Barcelona.

Aunque el dietario puede tener una función administrativa, para la anotación de los ingresos y los gastos de un hogar, prácticamente se ha convertido en sinónimo de diario, cuyo origen proviene del latín dies. En la antigüedad, ya se informaba públicamente de los acontecimientos políticos y militares mediante una relación efectuada por días. Posteriormente, el diario se ha convertido en un recurso para las personas que sienten la necesidad de expresar sus vivencias, anhelos, opiniones… Según el grado de confidencialidad, puede llamarse diario íntimo o personal. La información se registra cronológicamente y cada anotación se inicia indicando el día de su realización. Sin embargo se trata de una cuestión meramente formal, ya que en realidad el autor no describe necesariamente el presente ni elabora el documento de manera sistemática. Un ejemplo conmovedor es “Amb ulls de nena”, el diario personal de Encarnació Martorell, quien en 1936 tenía la edad de 12 años.

Las memorias, en cambio, son narraciones de los recuerdos de quienes las escriben, sin la intención de plasmar íntegramente su vida, sino alguna época o episodio de la misma. Josep Irla, por ejemplo, a los 80 años escribió las que se han editado como “Josep Irla Bosch. Memòries d’un president a l’exili”. Tenía la voluntad de recopilar sus recuerdos para que constituyeran un testamento espiritual. Fue presidente de la Generalitat entre 1940 i 1954, cargo que aceptó con riesgo de su vida tras la ejecución de Lluís Companys. En la edición, el manuscrito de Irla se ha completado con una selección de 38 cartas de su correspondencia. El género epistolar, con tradición ya en la época clásica, puede tener estilos muy diferentes según el destinatario. Un ejemplo del interés histórico que puede tener la correspondencia son las 15 cartas que intercambiaron, entre marzo de 1935 y octubre de 1938, dos amigos: Jaume Creus Ventura y Lluís Companys.

Otras veces los documentos narran recuerdos que consisten en acontecimientos violentos y quienes los elaboran tienen la voluntad de darlos a conocer públicamente como testigos, a modo de denuncia o reivindicación. En este caso, se trata de testimonios, y un tristemente magnífico ejemplo es el manuscrito que Carme Ballester realizó en 1969, explicando la detención de su marido, Lluís Companys, el 13 de agosto de 1940.

No querría finalizar este itinerario sin mencionar que, igual que ocurre con otras tipologías documentales, también los llamados documentos personales o documentos humanos han evolucionado al son de las nuevas tecnologías. No en vano hay propuestas que consideran los blogs como una nueva manifestación del género.

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