¿Algoritmo o procedimiento administrativo? ¡Democracia!

Vicenç Ruiz Gómez, técnico del Arxiu Històric de Protocols de Barcelona y profesor de la ESAGED

stock-photo-algorithm-word-made-with-building-blocks-588470462

Para cualquiera que haya leído mucha o poca literatura sobre gobierno abierto, le quedará bastante claro que el enemigo público número uno es la burocracia. Ahora bien, es necesario recordar la advertencia que Julio Cerdá lanzaba para alcanzar la República de los datos: “La tecnología tiene una gran capacidad transformadora, pero queda muy limitada si no va acompañada de otras medidas de índole política, normativa y organizativa” (p. 134). En los cuatro años que han pasado desde su publicación, podemos comprobar que se ha avanzado mucho en el aspecto tecnológico, bastante en los aspectos normativos y organizativos, pero casi nada en el político. Es decir, mientras contamos con una sobreabundancia de datos, andamos muy escasos de república. Y es que, con tanto insistir en que hay que acabar con la burocracia, parece que esta se trate de una mera tecnología y que, por tanto, pueda cambiarse por otra más eficiente, que sea innovadora y disruptiva. Así, cada vez de forma más clara se está defendiendo el paso del procedimiento administrativo al algoritmo, precisamente, como vacuna de la burocracia y como mecanismo que permita explotar a fondo todo el potencial de los datos. Se plantea, pues, una lucha evolutiva entre dos modelos: documento> procedimiento administrativo > burocracia vs dato > algoritmo > gobierno abierto.

Pero, sin medidas políticas, el algoritmo no significa una evolución respecto al procedimiento administrativo, sino simplemente una substitución que, incluso, puede llegar a ser una involución por lo que a calidad democrática se refiere.

Para empezar, deberíamos recordar otro artículo, en este caso de Bruno Latour, en el que dedicaba diversas páginas a la burocracia. Su conclusión era que la “racionalidad” que se le atribuía desde Hegel y Weber (porque, sí, en el siglo XIX lo disruptivo era lo burocrático) no residía tanto en las mentes privilegiadas prusianas (los inventores de la cosa, vaya), sino que “todo estaba en los expedientes mismos”.  De la interrelación de información, inicialmente alejada y desconectada, a través de un procedimiento reglado surgía el poder que permite a los macro-actores de la sociedad (estados, grandes empresas, “culturas”, “mentalidades”, etc.) dominar en sus respectivos ámbitos. Así, para Latour, el “papeleo (paper shuffling) es la fuente de un poder esencial, que constantemente escapa a nuestra atención puesto que tendemos a ignorar su materialidad” (p. 26).

Si cambiamos “paper shuffling” por “data shuffling”, es decir, si cambiamos papeleo por algoritmo, resulta evidente que este último no es otra cosa que la versión 2.0 de la burocracia. Ojo, entendida no como tecnología, sino como fuente de “poder esencial” por seguir con la terminología de Latour. Por sí solo, el algoritmo no es más racional ni, obviamente, más democrático. De hecho, el procedimiento administrativo, en comparación, tiene una ventaja para la ciudadanía: es de “código abierto”, puesto que viene explicitado en el marco normativo. La dictadura de los datos no es una posibilidad, sino una imponente realidad: ya el 70% de las transacciones financieras se llevan a cabo mediante algoritmos. Esto ha llevado a la Comisión del Mercado Interior y Protección del Consumidor de la UE a iniciar un proyecto piloto sobre la necesidad de rendición de cuentas y transparencia algorítmicas. No sé, pues, hasta qué punto, transferir el modelo de gestión del big data privado al campo público, tout court, puede resultar positivo.

Hay que atender una cuestión fundamental previa. Sin una efectiva construcción social de la “racionalidad” de los algoritmos que “gobiernen” los datos públicos, es decir, sin una efectiva democratización de la gestión de la información, incluyendo la participación en la definición de los criterios que fijen el diseño de su formulación y la preservación y accesibilidad como evidencias fiables de esos criterios dentro del pertinente sistema de gestión documental, el algoritmo perderá rápidamente ese aura de solución mágica con la que ahora se le inviste en tantos congresos y jornadas. No tardará en arrastrar la misma reputación que el procedimiento administrativo, porque, al igual que este, aunque se haya diseñado para dar garantía a los ciudadanos, si no cuenta con ellos acabará siendo más un símbolo de opresión que de buen gobierno.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s